En este país de machines y de profunda desigualdad sexual en el que, a estas alturas de la historia, las instituciones políticas, jurídicas, religiosas, educativas, profesionales, etcétera, se dedican con singular ahínco a seguir conculcando los derechos de la mujer, es bienvenido cualquier gesto o acción que tienda a contrarrestar este vergonzoso estado de cosas. En este sentido, la Orquesta Sinfónica Nacional aporta su pequeño pero significativo grano de arena, al proponer para su primera temporada del año 2000 una programación basada en la obra de una compositora en cada uno de sus conciertos…
El caso es que la Sinfónica Nacional ha comenzado a explorar metódicamente la contribución de algunas compositoras de diversas generaciones, estilos y lenguajes, con un énfasis particular en el siglo XX…después de algunos titubeos en sus programaciones, la OSN dio en el clavo y ha logrado una propuesta musical realmente atractiva…
Juan Arturo Brennan
La Jornada, 28 de febrero de 2000
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