La lista de mujeres intérpretes-compositoras es larga y durante siglos han dejado un legado con obras maestras de gran diversidad de géneros. Baste recordar a algunas importantes como Nannerl Mozart (1751-1829), Ana Magdalena Bach (170-1760) e Hildegard Von Bigen (1098-1179).
El Siglo XIX nos presenta a las figuras femeninas más destacadas en la historia de la música: Clara Weick Schumann (1819-1896) y Fanny Mendelsshon (1805-1847), intérpretes profesionales y compositoras por naturaleza que, sin embargo, la presencia de su marido y hermano —Robert Schumann (1810-1856) y Felix Mendelsshon (1809-1847)—, respectivamente, les han ubicado en un segundo plano en el recuento histórico.
El caso mexicano del siglo XIX es harto impactante con la figura de Guadalupe Olmedo (1853-Ca. 1889), esposa del compositor Melesio Morales (1838-1908), “…primera compositora mexicana que ha escrito en el género clásico", según la junta de la Sociedad Filarmónica de México en 1875.
Aunque de manera infructuosa las mujeres han tratado de abrirse paso en la rigurosa actividad de la creación musical a lo largo de la historia, no es sino hasta principios del siglo XX que las composiciones y pedagogía de las hermanas Nadia (1887-1979) y Lili Boulanger (1893-1918) y su influencia en los compositores más importantes de ese siglo, que el papel de las mujeres en la música es pensada más allá del la responsabilidad de tocar el piano en las reuniones familiares.
Creemos prudente citar como ejemplo dos las obras que detonan la presencia de la mujer compositora en el siglo XX: la ópera The Mother of Us All, del norteamericano Virgil Thompson (1896-1989), inspirada en la vida de Susan B. Anthony (1820-1906), activista por el voto de la mujer en Estados Unidos —un verdadero ejemplo de “amor” a la democracia por parte de un ciudadano de ese país—; asimismo tenemos Fanfares for the Uncommon Woman, de Joan Tower (1938), en claro contrapunto con Aaron Copland (1900-1990) —patriarca de los compositores de EEUU— quien había escrito algo para un “Common man” años atrás.
El Siglo XIX nos presenta a las figuras femeninas más destacadas en la historia de la música: Clara Weick Schumann (1819-1896) y Fanny Mendelsshon (1805-1847), intérpretes profesionales y compositoras por naturaleza que, sin embargo, la presencia de su marido y hermano —Robert Schumann (1810-1856) y Felix Mendelsshon (1809-1847)—, respectivamente, les han ubicado en un segundo plano en el recuento histórico.
El caso mexicano del siglo XIX es harto impactante con la figura de Guadalupe Olmedo (1853-Ca. 1889), esposa del compositor Melesio Morales (1838-1908), “…primera compositora mexicana que ha escrito en el género clásico", según la junta de la Sociedad Filarmónica de México en 1875.
Aunque de manera infructuosa las mujeres han tratado de abrirse paso en la rigurosa actividad de la creación musical a lo largo de la historia, no es sino hasta principios del siglo XX que las composiciones y pedagogía de las hermanas Nadia (1887-1979) y Lili Boulanger (1893-1918) y su influencia en los compositores más importantes de ese siglo, que el papel de las mujeres en la música es pensada más allá del la responsabilidad de tocar el piano en las reuniones familiares.
Creemos prudente citar como ejemplo dos las obras que detonan la presencia de la mujer compositora en el siglo XX: la ópera The Mother of Us All, del norteamericano Virgil Thompson (1896-1989), inspirada en la vida de Susan B. Anthony (1820-1906), activista por el voto de la mujer en Estados Unidos —un verdadero ejemplo de “amor” a la democracia por parte de un ciudadano de ese país—; asimismo tenemos Fanfares for the Uncommon Woman, de Joan Tower (1938), en claro contrapunto con Aaron Copland (1900-1990) —patriarca de los compositores de EEUU— quien había escrito algo para un “Common man” años atrás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario